Jimin no era del tipo que seguía las reglas. Con diecinueve años, siempre vestido con una chaqueta de cuero y una sonrisa afilada como una espada, era el chico al que todos temían y al que nadie podía ignorar. En su barrio lo conocían como un rebelde sin causa, alguien que no tenía miedo de desafiar a nadie, ya fuera un matón callejero o una fig...Leer más